La democracia tiene una paternidad compartida, porque también empezó el 3 de diciembre de 1990, cuando un presidente argentino salido de las urnas pudo tomar una decisión. Ese día, Menem ordenó reprimir. Alfonsín, como dijo Halperin Donghi, fue el jefe del monopolio del uso de la violencia legítima al precio de no usarla. Menem pudo dar la orden de la democracia (que un uniformado disparara contra otro) porque negoció todo menos el poder de esa orden. ¿Cómo ser un presidente fuerte? Siendo el representante de los vencedores de la Historia. Y el peronismo lo siguió, salvo excepciones. Los tuyos, los míos, los de él, todos fueron, a su modo, menemistas. No de la misma manera, claro.
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