viernes, 2 de enero de 2026

Browne, Anthony, Browne, Joe, Jugar el juego de las formas

Tres semanas antes del lunes de Pascua había tenido lo que alguien más supersticioso que yo habría llamado un sueño profético. Mi sueño era simplemente que mi padre había muerto. Yo no presenciaba la muerte en sí, pero él estaba muerto: ya no estaba. Yo tenía diecisiete años; no considero que haya sido el más difícil de los adolescentes, pero había empezado a rebelarme contra las costumbres conservadoras de mis padres. Me había dejado crecer la barba y el pelo, a sabiendas de que le disgustaría a mi padre, y había empezado a interesarme en asuntos de política, con una visión opuesta a la suya.

Como la mayoría de los padres de su generación, su postura era inamovible, y a pesar de ser músico de jazz, los nuevos movimientos de la música popular le parecían deplorables. Yo estaba enamorado del rock and roll, que él consideraba como un ruido terrible al lado de sus discos de Glen Miller y Benny Goodman, y cuando llegaron Los Beatles, participó activamente en la oposición general de todos los padres de familia a la Beatlemanía. Me irritaba especialmente la forma en que subestimaba el arte moderno y tuvimos varias discusiones al respecto. Sólo le gustaban las pinturas y dibujos realistas y pensaba que todo lo demás eran tonterías. Además del Surrealismo (que él detestaba), me gustaban Picasso, Paul Klee y Graham Sutherland, y me molestaba que papá no pudiera superar sus prejuicios o por lo menos aceptar mi diferencia de opinión. Discutíamos mucho sobre estos temas. Pero el sueño me hizo imaginarme por primera vez cómo sería la vida sin él. Me hizo darme cuenta de lo mucho que lo quería, y durante las tres semanas siguientes evité conscientemente discutir con él y me esforcé por ser más tolerante con sus opiniones. Funcionó: durante este periodo nos llevamos mucho mejor. Me reconforta saber que mi relación con él durante esas tres semanas fue la mejor posible.

Llegamos a casa muy animados y el hecho de que papá no lograra hacer funcionar uno de los contactos de la sala no iba cambiar eso. Pero lo que sucedió a continuación cambió todo. Nuestra Doris estaba en la cocina, papá estaba sentado en un sillón, arreglando la clavija descompuesta cuando, de pronto, muy lentamente, se cayó de la silla y comenzó a retorcerse en el suelo. Hacía unos ruidos muy peculiares. Recuerdo su caída como en un sueño: irreal y como en cámara lenta. Lo primero que se me ocurrió fue que se trataba de una de sus actuaciones para hacernos reír, pero inmediatamente me  di cuenta de que una broma tan cruel y exagerada no existía en su repertorio. Pronto nos dimos cuenta de que estaba sucediendo algo verdaderamente terrible y, sin embargo, los sonidos absurdos y los movimientos exagerados continuaban dándole al episodio una incongruencia cómica, teatral. Era la última pantomima de mi padre. Muy pronto, como en una gastada escena de Hollywood, empezó a formarse espuma en su boca. Era espantoso.

En medio del horror, Michael y yo estábamos vaga- mente conscientes de que nuestra Doris trataba de entrar en la habitación. No queríamos que viera lo que estaba pasando y tratamos de impedirle entrar, pero finalmente logró rebasarnos y se hundió al lado de su marido. Mientras uno de nosotros llamaba a la ambulancia, ella trataba de resucitarlo con procedimientos inútiles, desinformados. No tenía idea de lo que estaba haciendo. Le golpeaba el pecho y ponía sus labios en los suyos sin entender nada, imitando los gestos histriónicos de los doctores de la televisión. Estaba desesperada.

Le tomó veinte minutos morir. Finalmente las convulsiones se detuvieron y se quedó tendido, con un aspecto terrible. Su rostro se tornó violeta, sus labios azules y su cuerpo, aunque en realidad no puede haberse hinchado, parecía de alguna forma más grande en su reposo final. No había duda de que estaba muerto.

No había reacción que pareciera natural. Golpeé la pared varias veces con el puño. Parecía un un gesto tan sensato como cualquiera. Era como si una fuerza maligna hubiera entrado a nuestra casa y destruido lo más preciado en ella. No pudimos hacer más que mirar, mientras el hombre en quien habíamos hallado protección y orientación durante toda nuestra vida, mientras el rey del castillo, el hombre de acero, se desplomaba. No había nada que pudiéramos hacer contra la kriptonita invisible. Todos supimos en ese momento que nuestras vidas habían cambiado para siempre.

Finalmente llegó la ambulancia y lo declararon muerto. Pero la camioneta de la funeraria no llegó hasta el día siguiente, y nos costó trabajo dormir esa noche, sabiendo que el cuerpo de papá estaba en la sala.

Una de las primeras cosas que hice en los días siguientes fue cortarme el pelo. Aunque había tratado de complacer a papá desde que tuve el sueño, no había estado dispuesto a sacrificar mi melena en aras de un poco más de armonía en las relaciones familiares; pero ahora, de repente, me sentía desesperado por ganarme su aprobación. Me corté el pelo para el funeral con la esperanza de parecerme más al hijo que pensaba que mi padre quería. Me quedé en estado de choque durante mucho tiempo. Poco después del funeral tuve que presentarme a una especie de día de prueba en la escuela, un requisito para pasar del año de tronco común a la carrera de diseño gráfico. Al parecer todos los aspirantes diseñamos e hicimos algo y luego nos sometimos a una entrevista. Pero cuando llegué a casa ese día no podía recordar ningún detalle. Mi cabeza no estaba funcionando bien. Había borrado el suceso por completo.

Para cuando recomenzaron las clases, había recuperado cierto control de mis sentidos, pero la muerte de mi padre siguió influyendo en todo lo que hacía. Me entró una gran fascinación por el cuerpo humano; las pinturas de Francis Bacon me apasionaban. Me parecía que Bacon exponía nuestros cuerpos como los pedazos de carne que realmente son: un ensamble caótico de trozos de carne. La muerte de papá me había hecho pensar en la fragilidad del cuerpo humano. Me volví bastante existencialista y por un tiempo todo parecía carecer de propósito para mí. Bacon le negaba al cuerpo cualquier sentido de lo sacro o lo romántico, y sus cuadros grotescos parecían ilustrar lo que sucedía en mi mente. Mi interés por Francis Bacon pronto se convirtió en una obsesión con lo mórbido, con la muerte y la enfermedad. En Leeds había un museo de la patología que empecé a frecuentar. Entre las espeluznantes piezas había fotos de personas que se habían ahorcado y fetos nonatos preservados en formol. Llevaba mi lápiz conmigo y hacía bosquejos de todos los horrores en exhibición.

Cada trabajo y cada pieza de arte que producía estaba imbuida de oscuridad; lo cual, por supuesto, resultaba completamente inapropiado en el contexto del diseño gráfico. Uno de los pocos proyectos de ilustración que hicimos consistía en ilustrar las primeras tres letras del alfabeto. Me quedé atascado en ese proyecto y al cabo de las tres semanas que teníamos sólo había logrado hacer una ilustración. Era una A mayúscula, negra, en un fondo blanco. Bajo el puente de la A se encontraba la parte principal de la ilustración: pintada en gouache, una cama solitaria retenía los tonos carnales y morbosos de Bacon. Un foco desnudo iluminaba la escena y revelaba la presencia de un instrumento médico en la cama. donde las sábanas revueltas sugerían que había sido ocupada recientemente. En el centro de la cama había una mancha oscura, y abajo, en letras pequeñas, un texto decía: "A... de aborto". A mis tutores no les gustó nada y tuve suerte de que no me echaran del curso.

jueves, 6 de noviembre de 2025

González, Cesar, Rengo yeta

No me sorprendió que Dios abandonara a mi abuela la no che del allanamiento y permitiera que se la llevaran detenida y la trataran como a una basura. Yo sabía muy bien que Dios tenía rasgos de psicópata, así estaba escrito en un montón de historias bíblicas. Estaba seguro de que mi abuela se había sentido como Job, ese hombre manso a quien, en el Antiguo Testamento, Jeho- vá obliga a pasar las más aberrantes penurias como demostración de fe. Era una de sus historias favoritas. Job era un hombre rico y apacible que tenía una vida tranquila, era un buen creyente, un buen padre y querido por sus semejantes. De repente Dios decide arrebatarle todo y arrojarlo a un precipicio infinito de desgracias.
Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción se apoderan de mí. La noche taladra mis huesos,
Y los dolores que me roen no reposan
La violencia deforma mi vestidura; me ciñe comoel cuello de mi túnica.
Él me derribó en el lodo,
Y soy semejante al polvo y a la ceniza.
Clamo a ti, y no me oyes;
Me presento, y no me atiendes.
Te has vuelto cruel para mí;
Con el poder de tu mano me persigues.
Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, y disolviste mi sustancia.
Porque yo sé que me conduces a la muerte,
Y a la casa determinada a todo viviente…

Job 30,16

Luego de un extenso calvario, la fe de Job es retribuida, pero para entonces se siente desproporcionada y tardía. ¿Cuánto hay que sufrir para saborear la supuesta gloria celestial? El caso de mi abuela tenía muchas similitudes. El mismo Dios de Job era el que había permitido que unos policías le robaran sus tan sacrificados ahorros. Sin embargo, ella no había desistido en nada de su fe.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Montes, Graciela, La frontera indómita, en torno a la construcción y defensa del espacio poético

A esta altura voy a a tomarle prestada una idea a un pensador que quiero mucho: Winnicott. Y si lo quiero y lo admiro es porque desarrolla su teoría sin darle la espalda a la condición humana -más bien partiendo de su punto más dramático: la soledad, la separación irremediable-, y porque, una vez desplegada la teoría, no se deja atrapar por ella, como sucede a veces, sino que sigue pensando, hasta el final, libremente.
Winnicott empieza por el principio. Su punto de partida es el niño recién arrojado al mundo que, esforzada y creativamente, debe ir construyendo sus fronteras y, paradójicamente, consolando su soledad, ambas cosas al mismo tiempo. Por un lado, está su apasionada y exigente subjetividad, su gran deseo; del otro lado, el objeto deseado: la madre, y, en el medio, todas las construcciones imaginables, una difícil e intensa frontera de transición, el único margen donde realmente se puede ser libre, es decir, no condicionado por lo dado, no obligado por las demandas propias ni por los límites del afuera. El niño espera a la madre, y en la espera, en la demora, crea.

Winnicott llama a este espacio tercera zona o lugar potencial.

A esa zona pertenecen los objetos que Winnicott llama transicionales -la manta cuyo borde se chupa devotamente, el oso de peluche al que uno se abraza para tolerar la ausencia-, los rituales consoladores, el juego en general y, también, la cultura.

Esta tercera zona no se hace de una vez y para siempre. Se trata de un territorio en constante conquista, nunca conquistado del todo, siempre en elaboración, en permanente hacerse; por una parte, zona de intercambio entre el adentro y el afuera, entre el individuo y el mundo, pero también algo más: única zona liberada. El lugar del hacer personal.

La literatura, como el arte en general, como la cultura, como toda marca humana, está instalada en esa frontera. Una frontera espesa, que contiene de todo, e independiente: que no pertenece al adentro, a las puras subjetividades, ni al afuera, el real o mundo objetivo.

Un territorio necesario y saludable, el único en el que nos sentimos realmente vivos, el único en el que brilla el breve rayo de sol de los versos de Quasimodo, el único donde se pueden desarrollar nuestros juegos antes de la llegada del lobo. Si ese territorio de frontera se angosta, si no podemos habitarlo, no nos queda más que la pura subjetividad y, por ende, la locura, o la mera acomodación al afuera, que es una forma de muerte.

La condición para que esta frontera siga siendo lo que debe ser es, precisamente, que se mantenga indómita, es decir, que no caiga bajo el dominio de la pura subjetividad ni de lo absolutamente exterior, que no esté al servicio del puro yo ni del puro no-yo. La educación, en un sentido más generoso que la mera enseñanza, puede contribuir considerablemente al angostamiento o ensanchamiento de este territorio necesario.
Es ahí donde está la literatura; ahí se abre la frontera indómita de las palabras.

sábado, 16 de agosto de 2025

Rivera, Andrés, El Farmer

Han pasado veinte años desde que me arrojaron a tierra de gringos.

A veinte años de ese crimen, a veinte años de ese pecado de sangre que Dios no le perdonó al cojudo de Urquiza y a la traición de mis generales, un paisano clava su cuchillo en el mostrador de una pulpería, y grita Viva Rosas. Y otro clava su cuchillo en el mostrador de otra pulpería, y grita Viva Rosas.

Y ahí va un tercero, y desenvaina su cuchillo, y lo clava en el mostrador que usted elija, y grita Viva Rosas. Y no hay paisano que, en una tarde de silencios y de llanura, no mire oscilar la hoja de su cuchillo donde sea que lo clave, con mucho alcohol en el cuerpo o ninguno, con algo en la sangre que es más hondo que el recuerdo, que no grite Viva Rosas, listo para morir o para cobrarse una cuenta que nunca sabrá cuándo y quién la abrió.

Fisonomías graves como árabes y como antiguos soldados, caras llenas de cicatrices y de arrugas. Un rasgo común a todos, casi sin excepción, eran las canas de oficiales y soldados... ¡Qué misterios de la naturaleza humana, qué terribles lecciones para los pueblos! He aquí los restos de diez mil seres humanos que han permanecido diez años casi en la brecha combatiendo y cayendo uno a uno todos los días, ¿por qué causa?, ¿sostenidos por qué sentimiento?... Estos soldados y oficiales carecieron diez años de abrigo, de un techo, y nunca murmuraron. Comieron sólo carne asada en escaso fuego, y nunca murmuraron... Tenían por él, Rosas, una afección profunda, una veneración que disimulaban apenas... ¿Qué era Rosas, para estos hombres? ¿Son hombres estos seres?

Inteligencias como las del señor Sarmiento, que se dan pocas en la tierra de Dios, no pueden responder a la pregunta de qué es Rosas para hombres que mueren al grito de Viva Rosas. No podrán nunca res-ponder a esa pregunta. Y, entonces, se impacientan. Y, entonces, el señor Sarmiento, que quiere la cultura de la Francia para las ciudades argentinas, y que quiere sembrar de granjas norteamericanas el campo argentino, exige, para expiar el pecado de ser hijos de España, que se derrame la sangre barata de los gauchos... ¿Misterios de la natu-raleza humana?

¿A qué reta y a quién el Viva Rosas de esos paisanos, que pelearon en mis ejércitos y en los del finado Urquiza? ¿Y el Viva Rosas de sus hijos y nietos y el de los hijos de sus nietos? Contesten eso, si les da la lengua para contestar eso.

Ese grito durará más que el pecado.

miércoles, 23 de julio de 2025

Rodríguez, Martín, Touzon, Pablo, ¿Qué hacemos con Menem? Los noventa veinte años después.

La democracia tiene una paternidad compartida, porque también empezó el 3 de diciembre de 1990, cuando un presidente argentino salido de las urnas pudo tomar una decisión. Ese día, Menem ordenó reprimir. Alfonsín, como dijo Halperin Donghi, fue el jefe del monopolio del uso de la violencia legítima al precio de no usarla. Menem pudo dar la orden de la democracia (que un uniformado disparara contra otro) porque negoció todo menos el poder de esa orden. ¿Cómo ser un presidente fuerte? Siendo el representante de los vencedores de la Historia. Y el peronismo lo siguió, salvo excepciones. Los tuyos, los míos, los de él, todos fueron, a su modo, menemistas. No de la misma manera, claro.

sábado, 12 de julio de 2025

Semán, Pablo y Welschinger, Nicolás, Juventudes mejoristas y el mileísmo de masas, por qué el libertarismo las convoca y ellas responden, en Semán, Pablo, coordinador, Están entre nosotros, ¿de dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?

 

“Yo creo que la fórmula es disciplina y mucha motivación. Es como dice este libro de autoayuda que estoy leyendo: "La vida es conocimiento más habilidad, multiplica-do por la actitud". ¡Yo creo mucho en eso! Esto es algo que se usa bastante en la autoayuda cuando querés superarte a vos mismo: si yo te digo que lo voy a hacer, lo voy a terminar haciendo por un tema de promesa, [...] si yo te prometo aprender Java en un mes y lo hago, [...] es porque me lo prometí a mí mismo. Lo hacés para demostrarte a vos mismo que podés. Por ejemplo, vos estás haciendo una dieta, ves una hamburguesa y le querés entrar, pero más allá de que vas a subir de peso, vas a estar mal, etc., dijiste que no lo ibas a hacer y si te mentís a vos mismo, estás quebrado.”

La significación social de estas prácticas es clave. No porque nos encontremos por primera vez en la historia con los bienes culturales masivos como mediadores de una transición en el espacio social y en el comportamiento, sino por su significado específico. Nos encontramos con el desarrollo de una "optimización del yo" que implica varias dimensiones de la vida personal, no solo el rendimiento laboral sino también físico, estético y emocional. Hay una exigencia y un valor que se cristalizan en la categoría del emprendedor como figura no solo económica sino centralmente moral: es quien busca y alcanza la superación personal en términos de la autocreación y autoimposición permanentes para mejorar la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades, con el fin de ganar más y/o ser más empleable.

Las investigaciones de Nehring y Röcke (2023) muestran que este proceso llega al extremo de calcular cómo todas las características del propio cuerpo, las interacciones con los demás, los consumos y los intercambios en la vida cotidiana pueden optimizarse utilizando una amplia gama de técnicas vehiculizadas por la lectura de libros o pódcast de autoayuda, tutoriales e influencers de estética y bienestar personal, o aplicaciones y dispositivos de autoseguimiento y retroalimentación crítica.

La introyección de los estímulos de la situación actual, en que se comprometen una versión del mercado y sus legitimaciones, da lugar, en un caso como el que describimos, a un temperamento: el de los combatientes que están dispuestos a hacer todos los sacrificios y pruebas que la economía exige o, al menos, a reconocer que ese credo es el que pue-de acercarlos al éxito. Desde este punto de vista, gana valor moral un modo de vida que, aunque no apunte a la guerra, implica las habilidades del miembro de un comando: disciplina, fuerza física y moral, inteligencia, habilidad estratégica. Independientemente de que creamos o no en la mística del emprendedor, no puede dejar de subrayarse que tiene atractivo. Desde una perspectiva que valoriza a los sujetos por su capacidad de sobreponerse a la intemperie, "la vieja vida" de los contratos de largo plazo y las protecciones laborales parece una renuncia moral, una opción de los vencidos de antemano, un nivel de mérito menor que el que en el horizonte surge como el resultado de esta capacidad de esfuerzo romantizada por muchos jóvenes. Es que, como ellos mismos sospechan, no hay cuerpo que resista mucho tiempo una experiencia de este tipo y es por eso que uno de los faros que guían su navegación es la utopía de hacerse de un capital o una posición antes de que sea demasiado tarde. Si cada uno es una empresa y un capital, se trata de hacer una acumulación crítica que en el mediano plazo garantice una especie de valorización y reproducción automática cuando las fuerzas ya no sean tantas. Todo esto que se organiza contra el espanto del fracaso, el desempleo y la miseria configura un modo de vida que convierte en un ser moralmente superior a quien puede practicarlo de forma victoriosa. Y es desde esa posición que se desestima, por ejemplo, el empleo estatal, más allá de que represente déficit fiscal, por el hecho de que está basado en una pretensión de estabilidad mediocre, sin el mérito del esfuerzo ni la proyección de progreso, y al resguardo de la competencia permanente del mercado.


martes, 1 de julio de 2025

Medio siglo de proscripción - Extracto del fallo- Sentencia de la CSJN del 28 de marzo de 1958 en el caso Bustos Núñez, Manuel E. (Director del semanario "Rebeldía") acusado de infracción al decreto-ley 4161/ 56"

"La cuestión a decidir en esta causa, por consiguiente, no consiste en dilucidar si el decreto-ley 4161/56 es o no conforme a la Constitución en abstracto, esto es, con independencia de cualesquiera circunstancias -punto de vista que parece ser el de la sentencia recurrida-, sino la de establecer en concreto si las disposiciones del decreto citado, en atención a las circunstancias actuales de la vida argentina, constituyen o no una restricción razonable del derecho constitucional de expresión. Plantear cuestión en tales términos es resolverla, pues no cabe considerar de ningún modo irrazonable que, durante el proceso subsiguiente a una revolución, las autoridades surgidas de ella establezcan restricciones que impidan la propaganda contrarrevolucionaria realizarse mediante la exaltación de las doctrinas y del estado de cosas que dieron origen, precisamente, a la revolución. Que no resulta, por consiguiente, de los términos del decreto impugnado y de las circunstancias de hecho, que las limitaciones al derecho de expresión que aquél establece sean arbitrarias o que constituyan medios irrazonables para alcanzar los fines esencia les de la revolución. Este es el único examen a efectuar por los tribunales en los casos de impugnación de inconstitucionalidad pues les está vedado el juicio sobre el mero acierto o conveniencia de las disposiciones adoptadas por los órganos legislativos o ejecutivos en el ejercicio de sus facultades propias, sin lo cual e poder judicial ejercería una inaceptable tutela sobre los otro poderes creados, por la Constitución.
Por ello, y habiendo dictaminado el Sr. Procurador General revoca la sentencia apelada en cuanto ha sido objeto recurso."



ALFREDO ORGAZ MANUEL J. ARGA NARÁS- ENRIQUE V. GALLI CARLOS HERRERA. BENJAMÍN V LLEGAS BASAVILBASO



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Decreto-ley 4161, del 5 de marzo de 1956:

“Queda prohibida en todo el territorio de la Nación:

a) La utilización, con fines de afirmación ideológica peronista, efectuada públicamente, o propaganda peronista, por cualquier persona, ya se trate de individuos aislados o grupos de individuos, asociaciones, sindicatos, partidos políticos, sociedades, personas jurídicas públicas o privadas de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo.

Se considerará especialmente violatoria de esta disposición la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto el de sus parientes, las expresiones «peronismo», «peronista», » justicialismo», «justicialista», «tercera posición», la abreviatura PP, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales «Marcha de los Muchachos Peronista» y «Evita Capitana» o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos.

b) La utilización, por las personas y con los fines establecidos en el inciso anterior, de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina artículos y obras artísticas que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales creados o por crearse, que de alguna manera cupieran ser referidos a los individuos representativos, organismos o ideología del peronismo.

c) La reproducción por las personas y con los fines establecidos en el inciso a), mediante cualquier procedimiento, de las imágenes símbolos y demás, objetos señalados en los dos incisos anteriores.

Art. 2 º

Las disposiciones del presente decreto-ley se declaran de orden público y en consecuencia no podrá alegrarse contra ellas la existencia de derechos adquiridos. Caducan las marcas de industria, comercio y agricultura y las denominaciones comerciales o anexas, que consistan en las imágenes, símbolos y demás objetos señalados en los incisos a) y b) del art. 1º.

Los ministerios respectivos dispondrán las medidas conducentes a la cancelación de tales registros.

Art. 3 º

El que infrinja el presente decreto-ley será penado:

a) Con prisión de treinta días a seis años y multa de mn: 500 a mn. 1.000.000;

b) Además, con inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena para desempeñarse como funcionario público o dirigente político o gremial;

c) Además, con clausura por quince días, y en caso de reincidencia, clausura definitiva cuando se trate de empresas comerciales.

Cuando la infracción sea imputable a una persona colectiva, la condena podrá llevar como pena accesoria la disolución.

Art. 4º

Las sanciones del presente decreto-ley será refrendado por el Excmo. Señor vicepresidente provisional de la Nación y por todos los señores ministros secretarios de Estado en acuerdo general.

Art. 5º

Comuníquese, dése a la Dirección General del Registro Nacional y archívese

Aramburu – Rojas – Busso – Podestá Costa – Landaburu – Migone. – Dell´Oro Maini – Martínez – Ygartúa – Mendiondo – Bonnet – Blanco – Mercier – Alsogaray – Llamazares – Alizón García – Ossorio Arana – Hartung – Krause.